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Akita, tesoro nacional de Japón


El akita es una raza canina originaria de Japón, donde es considerado tesoro nacional. Inicialmente, el Akita fue un perro de caza mayor. Durante generaciones, los guerreros de Japón lo empleaban como perro de defensa, de ataque y para cazar osos. El Akita japonés se considera una raza aparte del Akita Americano.

Se trata de perros grandes y fuertes con una gran esencia y dignidad. El porte orgulloso de su cabeza se ve realzado por unas orejas pequeñas y unos ojos oscuros. Su pelaje es grueso y afelpado, de color rojo leonado, sésamo, atigrado, y blanco. En edad adulta, los machos llegan a medir de 64 a 70 cm y las hembras, de 58 a 64 cm. Su peso varía de 34 a 50 kg.

Son perros fuertes, tanto físicamente como de carácter, que se recomiendan para dueños expertos en cuidado canino. Para el manejo, adiestramiento y socialización, tanto inicial como continua, de esta raza es necesario contar con experiencia. No obstante, son muy fieles a su propia familia. Son valientes y buenos guardianes, sin ladrar demasiado. Recordemos siempre que poseen un fuerte instinto de caza.

Al igual que muchas razas, el akita japonés es propenso a sufrir trastornos oculares hereditarios y displasia de cadera. Por lo tanto, es importante realizar exámenes médicos constantemente. 

El akita necesita mucho ejercicio para mantenerse en buen estado. Es muy importante recordar que es un perro de caza y que tienes que extremar las precauciones por lo que no se recomienda sacarlo sin correo, en especial en lugares donde hay más perros y niños.

Hay que cuidar bien el pelaje del akita dos o tres veces por semana para mantenerlo en óptimas condiciones, y dos veces al año, durante las grandes mudas, en las que se debe utilizar un peine metálico de doble dentado para cepillarlo.

Los perros de razas grandes, además de tener un gran apetito, requieren un equilibrio de nutrientes diferente, incluyendo los minerales y las vitaminas, al de los perros de menor tamaño. El akita es propenso a los problemas de hinchazón y estomacales, cuyo riesgo se reducirá con comidas más pequeñas y frecuentes.