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En la salud, ¿primero los pobres?


“La salud no lo es todo, pero sin ella, todo lo demás es nada”

Schopenhauer

La seguridad social tiene como objetivo proteger a los individuos ante situaciones previstas o imprevistas, permanentes o temporales que reduzcan la capacidad económica del individuo y frente a las cuales es posible establecer mecanismos precautorios, en cuyo financiamiento participa el Estado, los empleadores y los trabajadores. O al menos así debería de ser.

Sumado a la emergencia sanitaria y a recortes promovidos por esta administración de hasta el 75% del gasto a la salud, los derechohabientes se enfrentan a la insuficiencia de la estructura hospitalaria. Las personas no están siendo atendidos a pesar de que religiosamente pagan sus cuotas por un servicio que en muchos casos es inadecuado y en otras ocasiones no reciben atención medica alguna.

Quizá algunos derechohabientes que cuentan con una mínima capacidad económica pueden recurrir por atención a hospitales particulares; claro, realizando un gasto que no tenían contemplado pero que gracias a esa mínima capacidad económica pudieron salvar su vida. Ese gasto en la mayoría de los casos resulta un golpe a sus ahorros y significa deshacerse del patrimonio que con tanto trabajo han logrado; todo ello por que el estado mexicano no tuvo la capacidad para salvaguardar su derecho a la salud, a pesar de que el derechohabiente cumplió en tiempo y forma con sus obligaciones de ley.

¿Cuántos de nuestros familiares, amigos o incluso nosotros mismos preferimos ir a una farmacia de similares que acudir a una clínica del Seguro Social? En principio para no perder el día y en consecuencia para no hacer corajes estériles ante las respuestas desafortunadas que ahí se recetan. Al menos cuando se recurre a los consultorios similares, sale uno con medicamento.

Desafortunadamente no todos tienen la capacidad económica para optar por un médico de farmacias similares, mucho menos en estos tiempos en que nuevamente el Gobierno decidió apretarle el cinturón al ciudadano negándole un ingreso básico universal que le permitiera al menos, vivir al día. Ante estos tiempos se vuelve una prioridad que el gobierno garantice la salud de todos y si este no tiene la capacidad, que reembolse los gastos realizados por los derechohabientes en la compra de medicamentos o en tratamientos que requieran una intervención quirúrgica. Entonces, ¿primero los pobres?